jueves, 12 de junio de 2008

[[ Un tren abarrotado, un adios]]

El se apresuro a besarla con mas fuerza, el tiempo corría y el tren se iba en cinco minutos. Ella prometió no llorar, así que no lo hizo. Un beso apresurado elimina muchas palabras torpes… hacía frío, los niños corrían y los bancos estaban abarrotados, la estación de tren lucía cual preciosa postal que olvidamos enviar. Que despedida tan perfecta, pensó ella mientras el viento soplaba y se llevaba lejos toda su historia, el tiempo robaba esos últimos instantes. Que erradas son nuestras percepciones, no hay despida ideal, no importa cuanto lo planeemos, cuantos sinónimos utilicemos, es el mismo sentimiento, es el mismo dolor… estaban enamorados, hace mucho planearon una vida que el destino no aprobó… ¿Dónde queda el amor entonces?... Nos gana la patética idea de creer que para que dos personas estén juntas, solo se necesita amor y unas tarjetas de san Valentín de la tienda de la esquina. La realidad es otra, que escupe duramente en esa inocente fantasía de lo que es el amor. Es mucho desgaste el de una despedida… ella finalmente se subió al tren ya cansada de tanta incertidumbre… El no le pediría que se quedara. Subió sin mirar atrás, se sentó hacia la mitad del vagón en el asiento que le correspondía según su ticket. El sentado desde un banco cercano, se despide en silencio… un silencio que por no ser aullado, quedaría para siempre congelado en su alma en el recuerdo de un amor que mas que amor sería tragedia a partir del momento en que el tren avanzara. Que amargura… el había planeado sin decirlo, trabajaría, se casaría con ella y serían felices…. Y cuando se lo iba a contar, ella hablo primero, comentándole que debía partir para no regresar…. El… no dijo nada.

“Todo este tiempo que yo desgaste pensando en nosotros… ¿tu a que jugabas?